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Por qué no hay que aplicar el método Estivill

Publicado 27 de junio de 2012 por mamirockera

No todo el mundo sabe que lo que ha hecho este pediatra es copiarse un método ideado por el estadounidense Ferber, que consiste en aumentar progresivamente el tiempo que se deja llorar al bebé en la cuna por las noches, hasta que deja de llorar del todo (total, nadie va a acudir). De manera que Estivill no ha hecho nada original.

¿Y funciona? Pues sí: los niños acaban durmiendo. Con este argumento, los padres que defienden el método justifican su decisión. Pero, en la crianza (y en la vida), el fin nunca justifica los medios.

Estas son algunas de las razones por las que no hay que aplicar el Estivill:

  1. Los niños no llegan a dormir como los adultos hasta cumplidos los 6 años. Es decir, hasta esa edad, los despertares nocturnos son normales. No hay nada de malo en un bebé que se despierta por las noches. El problema lo tienes tú, no tu bebé.
  2. Tú sabes que tu bebé está perfectamente a salvo en su cuna. Pero tu bebé no sabe que está a salvo. Para él, la mayor amenaza es no tenerte cerca. Gracias a este instinto, que está escrito en su código genético desde que existe la especie humana, es que hemos podido sobrevivir. Imagina a un bebé abandonado a su suerte en una pradera prehistórica, presa fácil de cualquier depredador. Sin el instinto de llorar al sentirse en peligro, y así alertar a su madre, sus minutos están contados. Tu bebé, en el siglo XXI, comparte el mismo código genético que ese bebé prehistórico. Para él, la amenaza de estar a oscuras, solo en una cuna, sigue siendo tan real como la del bebé expuesto a ser devorado por las fieras.
  3. Los bebés no piden lo que no necesitan. No está tratando de manipularte, ni de salirse con la suya: eso lo hacemos los adultos. La necesidad de contacto para un bebé es tan importante y vital como la necesidad de alimento. Pretender que un bebé se quede tranquilito en su cuna sin chistar y que duerma toda la noche es un sinsentido. De acuerdo con Rosa Jové, sólo un 10 o un 15% de los bebés son capaces de dormir 10 o 12 horas de un tirón a la edad de 7 meses.
  4. Un bebé espera ser atendido cuando llora. Si nadie acude, comprenderá que de nada sirve hacerlo, que él no es importante: que no es amadoY arrastrará este condicionamiento (y la consecuente falta de autoestima) hasta la vida adulta. Aprenderá que no vale la pena luchar, que la batalla está perdida de antemano. Lamentablemente, son demasiados los adultos hoy en día que ven la vida de esta forma. Y esto es algo trágico.
  5. Un niño es un ser humano y merece el mismo respeto que un adulto. Esto incluye el respeto a sus propios procesos naturales. ¿Le negarías atención a un adulto que sufre, sólo para que «aprenda»?
  6. Un niño que siente miedo y cuyo llanto no es atendido, segrega adrenalina y otras sustancias que hacen que en todo su organismo se active un estado de alerta (igual que te ocurre a ti en situaciones de peligro). Llega un momento en que la amígdala, una parte del cerebro emocional, se colapsa. Entonces el organismo empieza a segregar nuevas sustancias (endorfinas, serotonina) para combatir ese estado de alerta, pues no se puede mantener por demasiado tiempo. Es entonces cuando el niño, drogado por su propio organismo, se duerme. ¿Ha aprendido a dormir? No. Se ha autodrogado (Dormir sin Lágrimas, Rosa Jové). En esto es que se basa el Estivill. Cuanto más pequeño es el niño, mayor es el estado de shock al que se le somete.
  7. Una exposición prolongada a la adrenalina y otras hormonas del estrés trae muchas secuelas negativas, como el daño de células cerebrales y una «desregulación duradera de la bioquímica cerebral» (Jové),  con consecuencias como depresión, trastornos del apego, indefensión aprendida, ansiedad, hiperactividad…
  8. Si no te hubiesen convencido de que el método Estivill es sano, no lo harías. No conozco una sola madre que no haya tenido la más mínima duda de estar haciendo lo correcto al escuchar llorar a su bebé y no acudir. Pon la mano en tu corazón y pregúntate si realmente quieres hacer esto. ¿A que no? ¿A que todo tu cuerpo te está pidiendo que acudas de inmediato y cojas en brazos a tu hijo, y le cantes y arrulles hasta que este dormido? Pues eso es exactamente lo que tienes que hacer, lo que la naturaleza te ha programado para que hagas. ¿Por qué vas a dar más crédito a un médico que le pone su nombre a un método que inventó otro que a tu propio corazón? ¿Quién es quién para decirte que es malo coger a tu hijo y cantarle?
  9. Existen otras alternativas. Si tu bebé se despierta cada hora y media (como lo hacía el mío), si estás agotada y no puedes más, existen formas respetuosas de ayudar a tu bebé a conciliar el sueño más rápidamente, y a volver a dormirse sin ayuda cuando se despierte por la noche. Te recomiendo el libro Felices Sueños de Elizabeth Pantley, que puedes conseguir en Amazon entrando aquí. A mí me cambió la vida, y sin derramar ni una sola lágrima. Ninguno de los dos.

Gracias a Nace una mamá

DORMIR SIN LAGRIMAS

Publicado 30 de mayo de 2012 por mamirockera

Dormir sin lágrimas es un libro necesario en un momento en el que se han multiplicado los métodos para enseñar a los niños a dormir solos, tal y como comenta el pediatra Carlos González: «El sueño de los niños pequeños se ha convertido, en los últimos años, en motivo de preocupación para muchos padres».

Jové utiliza bibliografía científica, pero con un lenguaje directo y accesible para que los padres se familiaricen con el sueño y sepan qué cuestiones son importantes. La psicóloga se muestra en contra de los métodos mágicos para que los niños duerman, y menos aquellos basados en el llanto, que puso de moda el canadiense Richard Ferber y que han copiado muchos otros, aunque con pequeños retoques, como Eduard Estivill. «La repulsa a estas formas de trato infantil no viene predeterminada por las consecuencias que provocan, sino por cuanto atentan a la dignidad del niño como persona. Hemos de seguir creyendo en un mundo en el que el fin no justifica los medios», afirma la autora.

Además, recuerda que «cada bebé es irrepetible» y aconseja desconfiar de los métodos iguales para todos. «Algunos padres aún creen que los bebés nacen sin instrucciones. ¡Mentira! ¡Ellos son las instrucciones! Sígalas al pie de la letra», concluye.

El sueño infantil

«Dormir es un proceso evolutivo que se va adaptando a las necesidades del ser humano. Un recién nacido no duerme igual que un niño, ni éste igual que un adulto; ni un adulto igual que un anciano, porque cada edad reclama unas necesidades diferentes», explica la autora, quien resalta también la capacidad innata de los bebés para dormir.

Según la doctora Jové, el recién nacido (anteriormente, el feto) nace con dos fases del sueño bien diferenciadas: sueño activo (parecido a lo que en el futuro será el sueño REM) y sueño lento (que da lugar al resto de fases del sueño). Entre los 7 y los 10 meses han aparecido todas estas fases, aunque la periodicidad y duración son diferentes al adulto. Como recuerda la autora, los niños duermen la misma siesta hasta los cuatro años. Es a partir de los 5 o 6 años cuando el sueño del pequeño es bastante parecido al de los adultos (un único periodo nocturno de entre 8 y 10 horas sin siestas).

Otra de las evidencias claras, avaladas por varios estudios, es que todos, niños y adultos, nos despertamos varias veces en la noche, pero sólo los más mayores dominan la técnica para regresar al sueño. Es una cuestión de tiempo que lo hagan los niños, porque se trata de un proceso evolutivo. Por tanto, el sueño de un bebé no será nunca un indicativo del dormir del adulto.


Cómo saber si hay un problema

En este capítulo del libro, la autora advierte: «Desconfíe de métodos que sirven para todo.» Tras poner en alerta a los padres, sugiere acudir a los profesionales para que lleven a cabo un diagnóstico del posible trastorno y ajustar, así, su tratamiento. No obstante, les aconseja que tengan en cuenta los posibles errores en el diagnóstico, como no acertar con el comportamiento del pequeño, la falta de información sobre lo que se debe considerar normal a cada edad, la escasa sincronía entre los horarios de los padres y los de los niños, y alarmarse con cuestiones normales. «Antes de pensar que su hijo duerme mal, compruébelo. La información está para eso

La psicóloga invita a los progenitores a ponerse en la situación del niño para poder contestar a todas esas preguntas que nos hacemos y no malinterpretar sus peticiones. La vida de hoy en día es una locura no sólo para los adultos, sino también para los niños, que deben amoldarse a ella, a pesar de que esta actitud no es lo más adecuado. En este sentido, Jové apunta que en muchas ocasiones «la falta de sincronía entre las obligaciones de unos y los derechos del otro son el único y real motivo de conflicto y los seres humanos llevamos miles de años sin métodos para dormir niños y nunca ha habido mayores problemas con ellos. Todos acababan durmiendo».

Trastornos del sueño

Los niños no siguen el horario de 24 horas de los adultos, los expertos aseguran que se trata en realidad de 25. Por eso, les cuesta meterse en la cama habitualmente y presentan alteraciones en el horario. Jové mantiene que el seguimiento de una rutina y ayudarles a diferenciar el día de la noche ayuda a muchos pequeños.

No obstante, la autora divide los trastornos del sueño en dos: disomnias –alteraciones en la cantidad y la calidad del sueño– y parasomnias –acontecimientos o conductas anormales cuando se duerme–. En la mayoría de los casos se da el primer tipo de obstáculo en el descanso infantil, pero los terrores nocturnos, las pesadillas o el sonambulismo, entre otros, también son objeto de preocupación por parte de los padres. «En los niños, la mayoría de las parasomnias suelen mejorar si se acuestan con poco cansancio y ansiedad. Para ello podemos seguir un horario prudente de acostarlos, intentar que estén relajados y hacerles compañía o dormir con ellos», apunta la autora, que defiende las múltiples ventajas del colecho, una práctica habitual en muchos países.

Lo que no se debe hacer

Muchas veces se acierta más si se sabe lo que no se debe hacer. La doctora Jové, antes de exponer sus consejos, advierte sobre los múltiples ejemplos de metodología que imperan en los países desarrollados para lograr que los niños no sean un obstáculo más en la estresada vida de sus padres. «Los métodos para enseñar a dormir a los niños dejándolos solos se empezaron a publicar hacia los años 50 del siglo pasado» y algunos autores han publicado estos métodos, con pequeños retoques, publicitándolos como originales y novedosos.

«No hay diferencia de éxito entre los métodos que enseñan a dormir a base de dejar llorar mediante una tabla y los que simplemente dejan llorar. Si la hay entre aplicarlo antes de los 18 meses o después», escribe esta especialista en el sueño. Para Jové, los métodos de adiestramiento no enseñan a dormir, «solamente provocan un shock emocional que altera los niveles de las principales hormonas que regulan nuestras emociones, y además le demuestran que no vale la pena quejarse porque nadie les responderá. Por eso funciona mejor en niños pequeños, ya que son los que tienen más posibilidad de shock».

Además, su aplicación conlleva secuelas importantes a corto, medio y largo plazo: «trastornos de ansiedad, depresiones, indefensión aprendida, trastornos de apego, trauma por estrés agudo y síndrome de estrés postraumático». Jové mantiene que estas alteraciones son reparables, aunque «no reversibles», ya que pueden quedar enmascaradas y no hacerse evidentes hasta la vida adulta. Asimismo, huye de la utilización de fármacos en los problemas del sueño, no sólo por sus muchas contraindicaciones, sino porque en muchos casos se produce el efecto contrario.

Qué podemos hacer

La autora, que mantiene que aunque no se haga nada, el niño dormirá sin interrupciones algún día, ensalza el papel de la lactancia en el éxito del sueño, «por la propia composición de la leche, y debido al relajante contacto con la madre y a la succión calmante». La alimentación materna no sólo favorece al niño, sino que beneficia a la madre, ya que hormonalmente le ayuda a coger el sueño con más facilidad.

También hace especial hincapié en las cualidades positivas del colecho, siempre y cuando se lleve a cabo de una forma segura. «Gracias a él, el regreso al sueño después de un despertar es más corto para ambos casos (madre e hijo). También ayuda al bebé a sincronizarse con la madre y a pasar de un estadio a otro del sueño con más facilidad», comenta la autora. En este sentido, la psicóloga añade que la actitud «positiva y responsiva» de la madre hacia el niño crea en el menor una tranquilidad que le ayuda a abandonarse al sueño.

Dormir sin lágrimas, una «guía para padres desesperados» como la define la autora, solicita a los padres un ejercicio de observación de sus hijos en el número de horas de sueño o el de despertares, y estar atentos a las «señales del niño cuando tiene sueño» para evitar problemas posteriores.

Visita el Foro de Dormir sin llorar

Consecuencias del método Estivill

Publicado 10 de mayo de 2012 por mamirockera

Parece que me estoy repitiendo un poco, pero es que me parece importante que la gente tome conciencia sobre la aplicación de métodos conductistas en niños y bebés y sus consecuencias.

Ayer publiqué el caso de una familia estadounidense y la aplicación del método Ferber, hoy me gustaría compartir la experiencia vivida y contada de primera mano de la que fue una niña de 8 años con “problemas para dormir” y de cómo el método Estivill la convirtió en una chica con problemas psicológicos grabes.

15 años después del método Estivill

A los 8 años yo era una niña con problemas para dormir, es cierto. Necesitaba una pequeña luz en la habitación y la puerta abierta. A menudo iba a la habitación de mis padres diciendo las clasicas palabras “no puedo dormir”. Mis padres que, como todos, no han nacido sabiendo ser los mejores padres del mundo, llegaron a considerar que, en principio, a los 8 años yo debería poder dormir sola sin pedir ayuda ni levantarme por las noches así que quisieron hablarlo con un médico experto en ese momento, un tal Estivill. Fuimos a su consulta y pareció que el método podria funcionar: “durante un mes, cierrenle la puerta a la niña, quitenle la luz y no permitan que les venga a visitar por la noche.” Cada semana que lograra dormir sin pedir “ayuda” recibiría un premio.
Pues bien. En mi casa mi padre era muy estricto conmigo y consideraba que yo les tomaba el pelo diciendo que no tenia sueño. Como si la preocupación de un niño fuera atormentar a sus padres cada noche e impedir que duerman. Claro, somos unos psicópatas, nos encanta ver sufrir a nuestros padres.
Total, al ver que en mi casa cuando pedia ayuda para dormir le parecía un estorbo a mi padre, quería demostrarle lo contrario portandome muy bien y recibir de sus manos cada semana una recompensa conforme era una buena niña y estaba orgulloso de mi. Necesitaba su aprobación.
Me obligué cada noche no tener miedo a la oscuridad ni a la soledad. Al principio me costó mucho, horas sin dormir con los ojos como platos… a veces caí a la tentación de levantarme, ir al salón y preguntar: “si vengo ahora vale?”. Sólo hacia eso cuando me sentía demasiado sola. Sabía que dirian “sí, sí vale, vuelve a la cama” pero para mi, verlos era más que suficiente para aguantar un ratito más tranquila en la cama.

Pasó un més. Lo hice muy bien. Tube un regalito casi todas las semanas. Eso sí, con un precio: cada noche me la pasaba llorando (sin hacer ruido, para que mis padres pensaran que lo estaba haciendo super bien) y poco a poco iba notando una sensación extraña en la barriga. Era como un vacio que no acababa de comprender, pero que dia tras dia cada vez le tenia más miedo. Tenia miedo a ir a la cama y tener esa sensación a la barriga, que a veces me subia a la cabeza, me costaba respirar y hasta me daban ganas de vomitar.
Evidentemente en casa no queria decir nada, porque estaban super contentos conmigo sabiendo que por fin dormia cada noche como un angelito, no les hacia ninguna visita y ¡Milagro! ¡dejé de tener pesadillas! Sísí, desde el método Estivill que por las mañanas ya no contaba si dormia bien o mal, si habia tenido pesadillas…. o si habia soñado algo bonito. No, dejé de contar mis sueños. Nisiquiera recuerdo si tenia sueños, pero lo que sí recuerdo es que dejé de hablar de las noches. Era algo que solo pensar me entraba esa cosa rara en el estómago. Fue un tabú para mi, no queria pensar en ello.

Al cabo de unos meses el miedo a la sensación del vacio en el estómago, taquicardia (que por aquel entonces ni me daba cuenta ya que no sabia qué era) y las ganas de vomitar iban avanzandose al acontecimiento de ir a la cama. Primero empezaron a la hora de la cena, luego cuando volvia con el autocar del colegio, más tarde en el patio de las 17:00 al cole, hasta que empezaba a tener esa sensación que ahora ya lo reconozco por su nombre: “ansiedad”, justo cuando terminaba de comer el almuerzo en el colegio.
Los dias para mi pasaron de pasarmelo pipa en el cole y levantarme a menudo por las noches porque no podia dormir a:

– me levantaba, contenta porque faltaba mucho para ir a dormir
– iba al cole, contenta porque faltaba mucho para ir a dormir
– patio de la mañana: contenta porque aun faltaba para ir a dormir
– almuerzo: bueno, llegava el punto medio del dia, ya faltaba la mitad de dia para ir a dormir. Empezaba a tener miedo que me viniera ansiedad porque desde hacia unos dias ya me venia después del almuerzo.
– tarde: no me concentraba en las clases. me costaba escuchar cuando tenia esa sensación en la barriga. a veces pedia ir al baño cuando me costaba respirar, pero no queria que nadie se enterara y se riera de mi así que decia que tenia pipí.
– la vuelta a casa: ansiedad total. dentro de poco iria a cenar y a la cama.
– cena…. ya casi que no hace falta contar nada más.

Por las noches dormia, sí. Porque pasaba un estrés tal durante todo el dia que estaba agotadísima a esas horas. Lloraba media hora o una hora si me apuras y caía rendida.

Al cabo de los años me acostumbré a la sensación y se me pasó la ansiedad…. menos cuando tenia que ir a dormir a casa de algun amigo o de colonias. La tranquilidad de que en casa, COMO MÍNIMO, sabia que mis padres estaban en la habitación de al lado, aunque no podia ir a verles, era algo que en casa de algun amigo no tenia. Tenia realmente pánico ir a dormir en una casa que no conocia sin mis padres en la habitación de al lado. Evitaba a toda costa que mis amigos me invitaran a dormir a sus casas y en las colonias simplemente lo pasaba fatal. Por las noches me levantaba y vomitaba en el baño sin que nadie se enterara, y si por casualidad alguien se enteraba le decia que me habia sentado mal la cena. Era algo que me habia acostumbrado. La gente ya sabia que me ponia enferma con facilidad. Era (hasta hace poco) una chica debilucha, que a la mínima que sentia que no me encontraba bien (a veces no sabia ver si era física o mentalmente) hacia cuentitis y me quedaba en casa. Era la forma de que mis padres me hicieran caso. Me encantaba quedarme en casa enferma. Incluso a veces alguno de mis padres se quedaba en casa para cuidar de mi. Y lo más fuerte de todo: esas noches me dejaban dormir con ellos. Eso era para mi la auténtica felicidad. No era de extrañar que me costara ir a clase sin poner alguna excusa para sentir el amor de mis padres. Pero bueno, era una niña responsable y sabia que no debía abusar. Eso sí, una vez al mes caia fijo! Era como un reloj. En casa se preocuparon porque vieron que una vez al mes, sin falta, me dolía la barriga, o tenia fiebre, o me dolía la cabeza… pensaron que dentro de poco tendría la menstruación. Pero no la tube hasta los 14. Un medico se sacó el conejo de la chistera diciendo que me habian encontrado una bactéria en el estómago llamada “helicobacter”. Yo me sentí contentíssima! Mis padres no se enteraron que hacía comedia y podia seguir “fingiendo encontrarme mal” una vez al més.

A los 14 años empecé a verme muy distinta a todos los demás chicos de mi edad. Envidiaba aquellos que iban de colonias en las vacaciones, parecía que se lo pasaban muy bien. Así que intenté superar mi miedo a dormir a casa de otra gente. Con una amiga de La Seu d’Urgell le dije que podía ir 4 dias a su casa. La Seu d’Urgell me encantaba (de hecho ahora mismo cuando acabe la universidad creo que iré a vivir allí) y era un buen sitio para sentirme relajada y disfrutar 4 dias.
La primera noche fue un desastre. Con 14 años, por dios, qué vergüenza sentia! Con 14 años llorando silenciosamente por el ansiedad. Gracias a dios, no vomité. Eso ya me habría acabado de hundir psicologicamente. Con 14 años y llorando como una niña pequeña porque mis padres no estaban a la habitación de al lado. Me daba asco a mi misma. ¿ Y cuando tuviera pareja? Ya me gustaba algun chico pero… a caso no podria ir nunca a dormir a su casa? Tendría vergüenza de tener una novia como yo! Una llorica!

El dia siguiente hice cuentitis (para variar) para que me vinieran a buscar mis padres. Llegué a Barcelona otra vez y me sentí como en casa. Pero esa noche pasó lo que más me temía. Volver a tener ansiedad en mi propia casa. Pasé una semana volviendo a los 8 años. Pero la diferencia es que entonces ya sabía que me pasaba: lo que yo tenia era ansiedad, era algo como estar loca, o algo así. La gente que tenia ansiedad iba a ver a loqueros. Pero seguramente la gente normal tenia andiedad por cosas normales, como que se haya muerto alguien de la família, yo que sé! No porque es hora de ir a dormir, ¡¡Por dios!!

Empecé a sentirme mal con mi misma. No soportaba tener miedo a dormir con 14 años, además, ¿eso no lo habia superado ya?

Cada semana que pasaba era peor. Un dia me asusté teniendo pensamientos suicidas y me puse a llorar en medio de una cena. Mi madre pareció reaccionar por primera vez y quiso hablar conmigo a solas. Le conté todo muerta de vergüenza y ella me abrazó. Las dos lloramos. Me confesó que desde que era pequeña ella me habia visto sufrir y habia tenido broncas muy fuertes con mi padre ya que ella quería educarme de otro modo. No cuento nada más acerca de mis padres porque no hace falta, aquí hablo solo de mis vivencias.

El hecho es que pedí ir a un Psicologo. Peor que entonces no podia estar.
En fin, la suerte quiso que me fuera a una psicóloga que no me ayudara nada. En fin… sí me ayudó. Me ayudó en mi introversión. Desde entonces fuí más segura de mi misma, no tenia tanto miedo de lo que pensara la gente y esas cosas… pero en cuanto a la ansiedad.. fatal.
El táctica era el siguiente: aprender métodos de relajación y por las noches provocarme el ansiedad y ponerlos en práctica.
Pues bien, relajarme era imposible. Cada dia pensaba más en el ansiedad y pasé de tener ansiedad cada noche a tener pensamiendos obsesivos y ansiedad cada noche.

Los pensamientos obsesivos consisten en imaginarte escenarios y “qué pasaría si fuera así?” Miraba el telenoticias y veía un hombre que se habia vuelto loco…
“¿jolin, qué pasaria si eso me sucediera a mi?… Pues no estás lejos de que te pase algo así.. estas yendo al psicólogo… Anda anda! Y si me pasa algo así!? Jolín, no puede ser! Ya tengo ansiedad otra vez!”

etc…

Decidí con mi madre dejar el psicólogo ya que estaba empeorando.
Pasó el peor més de mi vida. Recuerdo un dia en concreto: acababa de enterarme que la hermana de una amiga de mi colegio tenia miedo a salir de casa, es decir, a los sitios abiertos. Me sentí fatal por ella, me dije: “los hay que están peores, ves?” Así que me tranquilicé y llegué a casa. Me puse a ver una serie. Mis madre no llegava a casa hasta las 19:30. Mi padre acostumbraba a llegar a las 21:00 o más tarde.

Empecé a juguetear con lo de la hermana de mi amiga “jolin.. qué fuerte lo suyo, eso sí que es horrible. Fijate, es como si yo ahora no pudiera salir de casa porque tubiera miedo……….” Mal.

Llegó mi madre a las 19:30 y yo ya me habia descontrolado: “no te acerques! no me abraces! tengo miedo que me abraces!”
Gracias a dios no me hizo caso y me abrazó. Fue entonces cuando me di cuenta que debia para eso como fuera. Pero tenia miedo ir a un psicologo.. para qué? para que aun fuera peor?
La última alternativa eran los fármacos. Pero no sabia el porqué no acababa de creerme que aquello funcionara. “si hombre, te tomas una pastillita y como si no pasara nada, no? Si fuera así de facil la gente no tendria problemas”.

Pues bien. Funcionó.

Ese mismo dia mi madre se fue directa a Sabadell, donde yo acababa de empezar a ir hacia solo una semana con un medico muy reconocido que me habia propuesto la medicación. Le dió las recetas a mi madre y esta vino con taxi pitanto a casa.

Yo estaba hecha polvo. Estaba esperandola leyendo un libro para intentar evadir mi mente. Pero aún tenia en la cabeza todos esos pensamientos y cada vez iban a peor. No me quedaban lágrimas.

Me tomé la medicación adecuada y esperé. “lo ves? sigo igual” Al cabo de un cuarto de hora seguia leyendo el libro y me di cuenta que estaba siguiendo la história. Hacia unos minutos que ya no pensaba cosas raras. “no puede ser…” Me puse a prueba. Empecé a pensar otra vez esas cosas.. no podia creer que no tubiera ansiedad… milagro. No, no aparecía. Incluso las ideas que me imaginaba me empezaban a parecer un poco absurdas.

Increible. Hasta los 16 años no habia logrado tener la mente en paz.

Pasé así unos años más y empecé a reducir la medicación. Al principio no fue fácil ya que no queria ayuda de psicólogos. Reducia y tenia que volver a aumentar. Hasta hace un año. El medico me dijo que probara de ir a una psicologa que el me recomendaba. De prueba. Una sesión. Si no me gustaba no volvía.

Acepté. Y allí estoy aún. He logrado reducir casi toda la medicación, tengo pareja y estamos planeando irnos a vivir juntos. A menudo voy a su casa a dormir o a casa de amigos y me siento como la gente normal. Pero qué significa “normal”? Yo ya era normal, yo habia sido una niña normal, habia tenido unos problemas psicológicos normales teniendo en cuenta el desarrollo de los hechos. A cualquiera le habria podido pasar en mi situación.

Ahora que soy consciente de todo lo que he vivido reconozco que tengo una fortaleza que poca gente tiene, pero aun así siento que me han robado la infancia.

Sí, posiblemente mis padres afectaran. Es cierto. Pero os aseguro que ellos también lloran cuando se dan cuenta del error que hicieron. No se nace siendo padre. Pero sí se estudia para ser pediatra. Y si un método para dormir puede salir tan mal para algunos niños, por algo será.

Solo quiero compartir mi história para ayudar a todos esos padres primerizos que no saben como educar a su hijo si tiene problemas del sueño. Por favor, denle amor. Que se sienta protegido. Habrán noches que quizás durmais mal, sí, pero ése es un riesgo que debiais haber tenido en cuenta antes de embarcaros a tener un bebé.
Una família es aquella que está unida. Que ayuda a aquel que pide ayuda. Y no sufrais, poco a poco el niño va creciendo y se da cuenta que quizás ya va siendo hora no depender tanto de los padres. Empieza a sentir vergüenza a ir a ver a sus padres por la noche y se siente orgulloso de SER ÉL el que haya sido capaz de dejar de pedir ayuda.

En realidad no es un problema grave, dejadle que duerma unos diez minutos con vosotros y luego llevadle de nuevo a su cama. De éste pequeño gesto depende la felicidad de su hijo.