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Por qué no hay que aplicar el método Estivill

Publicado 27 de junio de 2012 por mamirockera

No todo el mundo sabe que lo que ha hecho este pediatra es copiarse un método ideado por el estadounidense Ferber, que consiste en aumentar progresivamente el tiempo que se deja llorar al bebé en la cuna por las noches, hasta que deja de llorar del todo (total, nadie va a acudir). De manera que Estivill no ha hecho nada original.

¿Y funciona? Pues sí: los niños acaban durmiendo. Con este argumento, los padres que defienden el método justifican su decisión. Pero, en la crianza (y en la vida), el fin nunca justifica los medios.

Estas son algunas de las razones por las que no hay que aplicar el Estivill:

  1. Los niños no llegan a dormir como los adultos hasta cumplidos los 6 años. Es decir, hasta esa edad, los despertares nocturnos son normales. No hay nada de malo en un bebé que se despierta por las noches. El problema lo tienes tú, no tu bebé.
  2. Tú sabes que tu bebé está perfectamente a salvo en su cuna. Pero tu bebé no sabe que está a salvo. Para él, la mayor amenaza es no tenerte cerca. Gracias a este instinto, que está escrito en su código genético desde que existe la especie humana, es que hemos podido sobrevivir. Imagina a un bebé abandonado a su suerte en una pradera prehistórica, presa fácil de cualquier depredador. Sin el instinto de llorar al sentirse en peligro, y así alertar a su madre, sus minutos están contados. Tu bebé, en el siglo XXI, comparte el mismo código genético que ese bebé prehistórico. Para él, la amenaza de estar a oscuras, solo en una cuna, sigue siendo tan real como la del bebé expuesto a ser devorado por las fieras.
  3. Los bebés no piden lo que no necesitan. No está tratando de manipularte, ni de salirse con la suya: eso lo hacemos los adultos. La necesidad de contacto para un bebé es tan importante y vital como la necesidad de alimento. Pretender que un bebé se quede tranquilito en su cuna sin chistar y que duerma toda la noche es un sinsentido. De acuerdo con Rosa Jové, sólo un 10 o un 15% de los bebés son capaces de dormir 10 o 12 horas de un tirón a la edad de 7 meses.
  4. Un bebé espera ser atendido cuando llora. Si nadie acude, comprenderá que de nada sirve hacerlo, que él no es importante: que no es amadoY arrastrará este condicionamiento (y la consecuente falta de autoestima) hasta la vida adulta. Aprenderá que no vale la pena luchar, que la batalla está perdida de antemano. Lamentablemente, son demasiados los adultos hoy en día que ven la vida de esta forma. Y esto es algo trágico.
  5. Un niño es un ser humano y merece el mismo respeto que un adulto. Esto incluye el respeto a sus propios procesos naturales. ¿Le negarías atención a un adulto que sufre, sólo para que «aprenda»?
  6. Un niño que siente miedo y cuyo llanto no es atendido, segrega adrenalina y otras sustancias que hacen que en todo su organismo se active un estado de alerta (igual que te ocurre a ti en situaciones de peligro). Llega un momento en que la amígdala, una parte del cerebro emocional, se colapsa. Entonces el organismo empieza a segregar nuevas sustancias (endorfinas, serotonina) para combatir ese estado de alerta, pues no se puede mantener por demasiado tiempo. Es entonces cuando el niño, drogado por su propio organismo, se duerme. ¿Ha aprendido a dormir? No. Se ha autodrogado (Dormir sin Lágrimas, Rosa Jové). En esto es que se basa el Estivill. Cuanto más pequeño es el niño, mayor es el estado de shock al que se le somete.
  7. Una exposición prolongada a la adrenalina y otras hormonas del estrés trae muchas secuelas negativas, como el daño de células cerebrales y una «desregulación duradera de la bioquímica cerebral» (Jové),  con consecuencias como depresión, trastornos del apego, indefensión aprendida, ansiedad, hiperactividad…
  8. Si no te hubiesen convencido de que el método Estivill es sano, no lo harías. No conozco una sola madre que no haya tenido la más mínima duda de estar haciendo lo correcto al escuchar llorar a su bebé y no acudir. Pon la mano en tu corazón y pregúntate si realmente quieres hacer esto. ¿A que no? ¿A que todo tu cuerpo te está pidiendo que acudas de inmediato y cojas en brazos a tu hijo, y le cantes y arrulles hasta que este dormido? Pues eso es exactamente lo que tienes que hacer, lo que la naturaleza te ha programado para que hagas. ¿Por qué vas a dar más crédito a un médico que le pone su nombre a un método que inventó otro que a tu propio corazón? ¿Quién es quién para decirte que es malo coger a tu hijo y cantarle?
  9. Existen otras alternativas. Si tu bebé se despierta cada hora y media (como lo hacía el mío), si estás agotada y no puedes más, existen formas respetuosas de ayudar a tu bebé a conciliar el sueño más rápidamente, y a volver a dormirse sin ayuda cuando se despierte por la noche. Te recomiendo el libro Felices Sueños de Elizabeth Pantley, que puedes conseguir en Amazon entrando aquí. A mí me cambió la vida, y sin derramar ni una sola lágrima. Ninguno de los dos.

Gracias a Nace una mamá

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DORMIR SIN LAGRIMAS

Publicado 30 de mayo de 2012 por mamirockera

Dormir sin lágrimas es un libro necesario en un momento en el que se han multiplicado los métodos para enseñar a los niños a dormir solos, tal y como comenta el pediatra Carlos González: «El sueño de los niños pequeños se ha convertido, en los últimos años, en motivo de preocupación para muchos padres».

Jové utiliza bibliografía científica, pero con un lenguaje directo y accesible para que los padres se familiaricen con el sueño y sepan qué cuestiones son importantes. La psicóloga se muestra en contra de los métodos mágicos para que los niños duerman, y menos aquellos basados en el llanto, que puso de moda el canadiense Richard Ferber y que han copiado muchos otros, aunque con pequeños retoques, como Eduard Estivill. «La repulsa a estas formas de trato infantil no viene predeterminada por las consecuencias que provocan, sino por cuanto atentan a la dignidad del niño como persona. Hemos de seguir creyendo en un mundo en el que el fin no justifica los medios», afirma la autora.

Además, recuerda que «cada bebé es irrepetible» y aconseja desconfiar de los métodos iguales para todos. «Algunos padres aún creen que los bebés nacen sin instrucciones. ¡Mentira! ¡Ellos son las instrucciones! Sígalas al pie de la letra», concluye.

El sueño infantil

«Dormir es un proceso evolutivo que se va adaptando a las necesidades del ser humano. Un recién nacido no duerme igual que un niño, ni éste igual que un adulto; ni un adulto igual que un anciano, porque cada edad reclama unas necesidades diferentes», explica la autora, quien resalta también la capacidad innata de los bebés para dormir.

Según la doctora Jové, el recién nacido (anteriormente, el feto) nace con dos fases del sueño bien diferenciadas: sueño activo (parecido a lo que en el futuro será el sueño REM) y sueño lento (que da lugar al resto de fases del sueño). Entre los 7 y los 10 meses han aparecido todas estas fases, aunque la periodicidad y duración son diferentes al adulto. Como recuerda la autora, los niños duermen la misma siesta hasta los cuatro años. Es a partir de los 5 o 6 años cuando el sueño del pequeño es bastante parecido al de los adultos (un único periodo nocturno de entre 8 y 10 horas sin siestas).

Otra de las evidencias claras, avaladas por varios estudios, es que todos, niños y adultos, nos despertamos varias veces en la noche, pero sólo los más mayores dominan la técnica para regresar al sueño. Es una cuestión de tiempo que lo hagan los niños, porque se trata de un proceso evolutivo. Por tanto, el sueño de un bebé no será nunca un indicativo del dormir del adulto.


Cómo saber si hay un problema

En este capítulo del libro, la autora advierte: «Desconfíe de métodos que sirven para todo.» Tras poner en alerta a los padres, sugiere acudir a los profesionales para que lleven a cabo un diagnóstico del posible trastorno y ajustar, así, su tratamiento. No obstante, les aconseja que tengan en cuenta los posibles errores en el diagnóstico, como no acertar con el comportamiento del pequeño, la falta de información sobre lo que se debe considerar normal a cada edad, la escasa sincronía entre los horarios de los padres y los de los niños, y alarmarse con cuestiones normales. «Antes de pensar que su hijo duerme mal, compruébelo. La información está para eso

La psicóloga invita a los progenitores a ponerse en la situación del niño para poder contestar a todas esas preguntas que nos hacemos y no malinterpretar sus peticiones. La vida de hoy en día es una locura no sólo para los adultos, sino también para los niños, que deben amoldarse a ella, a pesar de que esta actitud no es lo más adecuado. En este sentido, Jové apunta que en muchas ocasiones «la falta de sincronía entre las obligaciones de unos y los derechos del otro son el único y real motivo de conflicto y los seres humanos llevamos miles de años sin métodos para dormir niños y nunca ha habido mayores problemas con ellos. Todos acababan durmiendo».

Trastornos del sueño

Los niños no siguen el horario de 24 horas de los adultos, los expertos aseguran que se trata en realidad de 25. Por eso, les cuesta meterse en la cama habitualmente y presentan alteraciones en el horario. Jové mantiene que el seguimiento de una rutina y ayudarles a diferenciar el día de la noche ayuda a muchos pequeños.

No obstante, la autora divide los trastornos del sueño en dos: disomnias –alteraciones en la cantidad y la calidad del sueño– y parasomnias –acontecimientos o conductas anormales cuando se duerme–. En la mayoría de los casos se da el primer tipo de obstáculo en el descanso infantil, pero los terrores nocturnos, las pesadillas o el sonambulismo, entre otros, también son objeto de preocupación por parte de los padres. «En los niños, la mayoría de las parasomnias suelen mejorar si se acuestan con poco cansancio y ansiedad. Para ello podemos seguir un horario prudente de acostarlos, intentar que estén relajados y hacerles compañía o dormir con ellos», apunta la autora, que defiende las múltiples ventajas del colecho, una práctica habitual en muchos países.

Lo que no se debe hacer

Muchas veces se acierta más si se sabe lo que no se debe hacer. La doctora Jové, antes de exponer sus consejos, advierte sobre los múltiples ejemplos de metodología que imperan en los países desarrollados para lograr que los niños no sean un obstáculo más en la estresada vida de sus padres. «Los métodos para enseñar a dormir a los niños dejándolos solos se empezaron a publicar hacia los años 50 del siglo pasado» y algunos autores han publicado estos métodos, con pequeños retoques, publicitándolos como originales y novedosos.

«No hay diferencia de éxito entre los métodos que enseñan a dormir a base de dejar llorar mediante una tabla y los que simplemente dejan llorar. Si la hay entre aplicarlo antes de los 18 meses o después», escribe esta especialista en el sueño. Para Jové, los métodos de adiestramiento no enseñan a dormir, «solamente provocan un shock emocional que altera los niveles de las principales hormonas que regulan nuestras emociones, y además le demuestran que no vale la pena quejarse porque nadie les responderá. Por eso funciona mejor en niños pequeños, ya que son los que tienen más posibilidad de shock».

Además, su aplicación conlleva secuelas importantes a corto, medio y largo plazo: «trastornos de ansiedad, depresiones, indefensión aprendida, trastornos de apego, trauma por estrés agudo y síndrome de estrés postraumático». Jové mantiene que estas alteraciones son reparables, aunque «no reversibles», ya que pueden quedar enmascaradas y no hacerse evidentes hasta la vida adulta. Asimismo, huye de la utilización de fármacos en los problemas del sueño, no sólo por sus muchas contraindicaciones, sino porque en muchos casos se produce el efecto contrario.

Qué podemos hacer

La autora, que mantiene que aunque no se haga nada, el niño dormirá sin interrupciones algún día, ensalza el papel de la lactancia en el éxito del sueño, «por la propia composición de la leche, y debido al relajante contacto con la madre y a la succión calmante». La alimentación materna no sólo favorece al niño, sino que beneficia a la madre, ya que hormonalmente le ayuda a coger el sueño con más facilidad.

También hace especial hincapié en las cualidades positivas del colecho, siempre y cuando se lleve a cabo de una forma segura. «Gracias a él, el regreso al sueño después de un despertar es más corto para ambos casos (madre e hijo). También ayuda al bebé a sincronizarse con la madre y a pasar de un estadio a otro del sueño con más facilidad», comenta la autora. En este sentido, la psicóloga añade que la actitud «positiva y responsiva» de la madre hacia el niño crea en el menor una tranquilidad que le ayuda a abandonarse al sueño.

Dormir sin lágrimas, una «guía para padres desesperados» como la define la autora, solicita a los padres un ejercicio de observación de sus hijos en el número de horas de sueño o el de despertares, y estar atentos a las «señales del niño cuando tiene sueño» para evitar problemas posteriores.

Visita el Foro de Dormir sin llorar

La culpa como carga (Testimonio de unos padres arrepentidos)

Publicado 9 de mayo de 2012 por mamirockera

Cada noche en el mundo millones de niños lloran desconsoladamente en sus cunas porque sus bienintencionados padres se han dejado convencer por falsos gurus de crianza y la inercia social para abandonar a la soledad a sus bebés y no consolarles en su sufrimiento.

El método Ferber es el verdadero método Estivill ya que fue creado 12 años antes y este último se limitó a copiarlo y divulgarlo en castellano.

Y aquí tenéis el testimonio de una familia estadounidense que lo aplicó con uno de sus hijos y las consecuencias.  Traducción del blog “the laundry line

LA CULPA COMO CARGA
Culpables, lo hicimos. Nos quedamos en la cama  una noche y dejamos a nuestro hijo de 8 meses llorando en la oscuridad. No teníamos planes de implementar el método Ferber. De hecho mi esposo y yo, ambos creíamos fuertemente que era cruel dejar a un niño en la oscuridad. Nos declaramos temporalmente como en estado de demencia o como auto defensa.

Todos han escuchado sobre el método Ferber. Con el que tu enseñas a tu hijo a dormir solo incrementando espacios de tiempo para consolarle cuando él llora. No le tocas o no le coges en brazos. Pero le haces saber que estas ahí. Es un programa de modificación de comportamiento que enseña a tu hijo a consolarse él solo. Nunca soñé que podría pasar por esto como experiencia propia.

Nosotros ciertamente no tuvimos la paciencia suficiente para mecer a nuestro segundo hijo cada noche como lo hicimos locamente con nuestra hija de ahora ya 7 años. La hora de irse a la cama fue una ardua tarea con ella- fue más complicado y delicado que robar secretos de estado-.

Después de cantar canción tras canción, debíamos llevarla suavemente hacia su cuna, meciéndola mientras verificábamos sus parpados palpitar. Debíamos bajarla cm a cm hasta que su cuerpo tocara el colchón. Muy lentamente debíamos retirar primero una mano luego la otra, dejando solo los dedos para mantener contacto. Luego cuidadosamente podíamos levantar el dedo deslizándolo mientras nos ibamos sigilosamente de la habitación. Con cualquier paso, los ojos podrían abrirse y exponer nuestro engaño y todo el proceso tendría que comenzar de nuevo.

Años más tarde, aun bostezamos pensando en el procedimiento. ¡Nos pusimos de acuerdo que nuestro segundo niño simplemente tendría que aprender a dormir!.

Convertirse en una familia Ferber es cuestión de oportunidad. Nuestro pequeño niño requirió mecerle, cantarle y llevarle en brazos desde el principio. Gradualmente llegó a ser un tirano, despertándonos hasta 10 veces por noche. Durante las vacaciones con la familia de mi esposo fue el colmo, debimos hacer turnos para mecerle y cantarle en nuestro diminuto cuarto, sabiendo que toda la familia se despertaba con cada grito, frecuente y escandaloso.

Volvimos del viaje y pensamos que ciertas cosas deberían mejorar una vez que todos estuviéramos durmiendo en nuestras camas. La primera noche en casa, a la 1 am después de la tercera vez que llamó despertándonos, en nuestro delirio de estar privados de sueño le dimos una oportunidad al doctor Ferber.

Fueran cerca de una hora de gritos y cuidadosas salidas y regresos programados y así sucesivamente hacia la cuna, pero todos finalmente dormimos esa noche. Después de dos noches de cada vez menos despertares frecuentes fuimos una familia Ferber.

Suena bastante simple, ¿no es cierto?.

Pero cuando te despiertas a las 3 am y sientes tu corazón roto por los múltiples gemidos ahogándose que son como cuchilladas y que tú sabes que deberían ser escuchadas, parece simplemente inhumano. Cuando caminas hacia la habitación y una cara roja de tanto gritar y cubierta de lágrimas y mocos, te confronta acusándote, tú simplemente quieres tener a tu hijo en tus brazos y calmar la situación con abrazos y susurros tranquilizantes.

Aunque el método Ferber funciona, tú no puedes evitar creer que si fueras mejor padre tendrías ganas de estar cantando y meciéndole toda la noche, o hacer un espacio en tu dormitorio, en tu cama para un pequeño cuerpecito extra.

Es como si nos diésemos una paliza a nosotros mismos, aun cuando descubrimos que el método funcionaba. Nada acerca de esto parece correcto – excepto por el hecho de que funcionó. Pronto pudimos poner a nuestro hijo en su cama y él pudo sobrellevar esto solo. Pero yo eché de menos estas ocasiones para mecerlo. Eché de menos su suave cabeza en mis brazos y la tranquila respiración contra mi piel.

Ahora “nuestra pequeña historia de éxito Ferber” va al fondo de las escaleras cada noche y pide para ir a cama. Si tratas de mecerlo o abrazarlo a la hora de acostarse se aleja retorciéndose, aun en medio de la noche, con un terrible frío. Él rehuye a ser mecido o cantado.

Le enseñamos a consolarse él solo, sin saber que estuvimos dejando escapar nuestra propia capacidad de hacer eso por él.