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Brujas

Publicado 6 de junio de 2012 por mamirockera
La reivindicación de la naturalidad de los procesos femeninos tiene sus raíces en la época de las sandaoras, en la época de las brujas. Ellas fueron las que se rebelaron contra el sistema que consideraba estos proceos insanos e impuros, transgredieron normas, transmitieron sus conocimientos y se organizaron.
“Las mujeres siempre han sido sanadoras. Ellas fueron las primeras médicas y anatomistas de la historia occidental. Sabían procurar abortos y actuaban como enfermeras y consejeras. Las mujeres fueron las primeras farmacólogas con sus cultivos de hierbas medicinales, los secretos de cuyo uso se transmitían de unas a otras. Y fueron también parteras que iban de casa en casa y de pueblo en pueblo. Durante siglos las mujeres fueron médicas sin titulo; excluidas de los libros y la ciencia oficial, aprendían unas de otras y se
transmitían sus experiencias entre vecinas o de madre a hija. La gente del pueblo las llamaba mujeres sabias, aunque para las autoridades eran brujas o charlatanas. La medicina forma parte de nuestra herencia de mujeres, pertenece a nuestra historia, es nuestro legado ancestral”
Las brujas fueron perseguidas durante más de cuatro siglos (XIV al XVIII) porque representaban una amenaza política, religiosa y sexual para la iglesia católica, protestante y también para el Estado. Fue el feminicidio institucionalizado más grande de la historia.
“En la persecución de las brujas, confluyen la misoginia, el antiempirismo y la sexofobia de la Iglesia. Tanto el empirismo como la sexualidad representaban para esta una rendición frente a los sentidos, una traición contra la fe. La bruja encarnaba, por tanto, una triple amenaza para la Iglesia: era mujer y no se avergonzaba de serlo; aparentemente formaba parte de un movimiento clandestino organizado de mujeres campesinas; y finalmente era una sanadora cuya práctica estaba basada en estudios empíricos. Frente al fatalismo represivo del cristianismo, la bruja ofrecía la esperanza de un cambio en este mundo.”
Se las acusaba fundamentalmente de tres delitos:
El primero se refería a los delitos sexuales que supuestamente ejercían contra los hombres.Eran acusadas de poseer sexualidad porque la ejercían libremente.
El Malleus maleficarum (El martillo de las Brujas ), es el famoso manual que utilizaba la autoridad en la inquisición. En él se explican bien los procedimientos.
“toda brujería deriva de la lujuria carnal, que en la mujer es insaciable”.
El segundo delito era tener poderes mágicos que podían influir en la salud y por lo tanto influir en la enfermedad y en la muerte.
Y el tercer delito era el que se refería a la reunión de las mujeres sabias para organizar revueltas campesinas.
Si a una mujer la acusaban de brujería significaba que era bruja, porque como acusada no tenía derechos.
La caza de brujas fue tan virulenta que se supone que hubo un promedio de 2 muertes diarias, quemadas vivas durante estos siglos, en países como Alemania, Italia, España y otros. Lamentablemente debido a la destrucción o pérdidas de gran número de las actas judiciales no puede fijarse con  exactitud la cifra total de procesos y ejecuciones por brujería, pero hay autores que comparan la caza de brujas con el holocausto nazi en cuanto a número de víctimas. Afortunadamente algunas pocas lograron sobrevivir para contar y reivindicar su visión de los acontecimientos aunque hay pocos escritos, porque la mayoría de las brujas, eran mujeres campesinas que no sabían leer ni escribir.
Los aquelarres no aniquilaron a las sanadoras en las clases populares pero sí que las desacreditó entre las clases medías y altas, lo que hizo que los médicos pudieran tomar el último bastión de las sanadoras: la obstetricia.
En el siglo XVIII los barberos-cirujanos se apoderaron de la especialidad alegando una supuesta “superioridad técnica” con el bisturí.
A lo largo de la historia se han definido las funciones orgánicas de las mujeres como insanas, y el embarazo y el parto no quedan fuera de esta definición. Por lo tanto son los médicos los que toman el poder en los partos porque forman parte del proceso patológico en el que nos vemos inmersas en estos estados.
Si observamos la situación actual en lo referido a la especialidad obstétrica, es fácil observar que la herencia de aquellos siglos sigue pesando en la actualidad y seguimos sufriendo estas consecuencias. Hoy en día la tasa de cesáreas en nuestro país supera un 7% lo recomendado por los organismos internacionales Y en el 41,9% de los partos se practica la episiotomía, aunque solo se recomienda en el 15% de ellos.
En la actualidad las brujas nos organizamos en tribus físicas o virtuales donde nos sentimos acompañadas y contenidas en cualquier ámbito de la esfera femenina, pero especialmente en lo relacionado con la maternidad y son estos espacios desde donde seguimos haciendo lo mismo que hacian nuestras antepasadas.
Afortunadamente ahora no existen los aquelarres, al menos tal y como los conocemos, pero frecuentemente las mujeres nos tenemos que seguir defendiendo del desprecio que conlleva el sexismo, ya que cuanto más patriarcal es una sociedad más rígidas son las mentiras y los tabús que rigen el poder.

“Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor de “un fuego”, nacen, fuerzas, crecen magias, arden brasas, que gozan, festejan, curan, recomponen, inventan, crean, unen, desunen, entierran, dan vida, rezongan, se conduelen”
Es hora de agradecer a aquellas campesinas, a aquellas mujeres sabias, a aquellas brujas, que compartieran su saber, que transmitieran nuestra herencia femenina a través de este, nuestro gran legado ancestral.

¡Gracias Brujas!

Gracias a María José García del Blog: http://santfeliu-lactancia-materna.blogspot.com.es/

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Mujer pagana, mujer libre

Publicado 3 de junio de 2012 por mamirockera

¿ Cómo es una mujer pagana ?

Son mujeres que quieren hacer de este un mundo más vivible.

Son mujeres que se dieron cuenta que el cambio que desean ver en el mundo, está en sus manos.

Son mujeres que se sienten hijas de la Pachamama, de Pulowi, de Gaia.

Son mujeres que creen en la horizontalidad de las relaciones.

Son mujeres que saben que el sistema patriarcal fracasa.

Son mujeres que se­ creen en el Sacerdocio Femenino.

Son mujeres que se atreven a ser distintas.

Son mujeres que se atreven a darle una educación diferente a sus hij@s.

Son mujeres que se atreven a decir “no” y “basta”.

Son mujeres que se atreven a correr con los lobos.

Son mujeres que se permiten ser compasivas consigo mismas.

Son mujeres que se atreven a caminar despeinadas.

Son mujeres que admiran y honran la vejez y la sabiduría.

Son mujeres que no creen en la superioridad.

Son mujeres que saben que el IQ no sirve para gran cosa.

Son mujeres que juegan y bailan con sus hij@s en cualquier lugar de la ciudad.

Son mujeres que forman cí­rculos espirituales.

Son mujeres que salen a buscar sus Diosas Oscuras y aunque tienen miedo, atraviesan el Bosque Espeso.

Son mujeres que lloran, se deprimen, y se cansan mas cuando están ovulando y no se sienten disminuidas por ello.

Son mujeres que aprendieron a reirse de sí mismas, son mujeres que saben que ser llamadas Brujas es un gran elogio, son mujeres que sienten a tod@s l@s niñ@s del mundo como sus hij@s.

Si te sientes identificada con esta descripción entonces:

¡ Bienvenida a la Cueva porque somos de la misma manada !!

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Cargar al bebé en la cadera, cómo toda la vida, pero mejor.

Publicado 29 de mayo de 2012 por mamirockera

Llevar al bebé a la cadera es una de las posiciones más clásicas a la hora de llevar a nuestros hijos, con o sin porta bebés. Cuando los niños se cansan, quieren mimos, se dan un golpe, en casa, en la calle o sea dónde sea y en cualquier circunstancia lo más normal es que les cojamos en brazos y les coloquemos sentados sobre nuestra cadera. Es por así decirlo la manera más obvia y sencilla de cargar al bebé.

Para el niño esto supone simplemente responder a sus necesidades, bien por cansancio, por necesidad de contacto, por consuelo o para alimentarse es una necesidad física y emocional muy importante. Para nosotros, a veces, es un imperativo para avanzar rápido, para tenerlos cerquita o simplemente para ir a cualquier sitio cuando un niño o bebé ya anda solito.

Sin embargo para el adulto también supone, si no empleamos un dispositivo adecuado, un desplazamiento lateral de la posición natural de la cadera (foto2) que nos causa no sólo molestia sino una mala higiene postural que tiene que ser corregida al poco tiempo. Es decir, necesitamos cambiar la posición en breve o dejar de cargar al niño o bebé.

Por otro lado el dolor de brazos debido al peso del niño suele estar en función del tiempo con el que hacemos esto con mayor o menor frecuencia, pero en breve tiempo se vuelve insoportable. Una alternativa muy masculina es cargar al niño sobre los hombros.

Cualquier niño o bebé al nacer mantiene de manera natural una posición tal que, si fisiológicamente nada se lo impide, va a permanecer sentado en la cadera con las rodillas ligeramente más elevadas que el culete. Es por lo tanto perfectamente adecuado y deseable utilizar una manera simple y sencilla de favorecer esta práctica: un portabebés.

Las sensaciones recibidas por el adulto permiten sentir entonces al bebé en total seguridad. El bebé correctamente sentado en una posición natural y con la espalda redondeada va a adquirir de manera esponténea, rápida y gradualmente el control de los movimientos de su cuerpo con respecto al porteador.

Desde esta posición el bebé aprende a ser porteado, aprende a controlar su cuerpo y se vuelve activo en el porteo, ya que a medida que el bebé crece y ya sea con o sin porta bebés el bebé se vuelve consciente de que si ejerce una presión con sus rodillas permanece más tiempo y mejor sentado en la cadera de la persona que lo portea. Igualmente el bebé a medida que su maduración fisiológica se lo permite se apoyará sobre sus rodillas para modificar su posición, o incluso para alcanzar objetos (eso que tanto gusta cuando empiezan a descubrir el mundo que les rodea).

Desde el punto de vista fisiológico se vuelve consciente de que compagina sus movimientos con esa persona, de manera que lo realiza de manera innata y casi inconsciente, acomplando sus movimientos a los movimientos del porteador.

¿Qué favorecemos cuando utilizamos una mochila porta bebés o un portabebé con posiciones de cadera?

Favorecemos que el bebé mantenga en una posición correcta, y que el adulto mantenga una posición correcta y que no perciba ni incomodidad ni dolor en cargar al pequeño. Es decir, evitamos dolores de cadera, cambios incorrectos de posición tanto de la parte baja del tronco, como una inclinación contraria del tronco superior. Esto es especialmente importante de cuidar en las mujeres puerperas, la higiene postural siempre es importante, pero lo es mucho más en los primeros meses tras el parto.

¿Cuando podemos portear a la cadera?

Si se desea, a partir de las 3-4 semanas ya podemos posicionar al bebé en la cadera. Hasta entonces se pueden utilizar los mismos dispositivos sobre el vientre, pero siempre cuidando de la correcta posición de la cadera del bebé, exista o no posibilidad de displasia. Mirarnos en el espejo, y verificar que las rodillas están posicionadas por encima de su culete es un signo claro y sencillo que nos ayudará a ver si la posición es correcta. Aunque desde el momento en que sea posible y si se ha detectado displasia, es preferible el porteo en la cadera.

Limites del porteo a la cadera

Llevar al bebé a la cadera es aún así una forma de porteo asimétrica, es decir sólo una parte de nuestro cuerpo ejerce el sosten de la carga por lo que no será una forma de llevar al bebé que nos permita ir más allá de las 2-3 horas sin molestias, bien en el hombro, bien en el tronco superior. Influye no obstante el peso del bebé, llevaremos más tiempo a un bebé de 1 ó 2 meses que a un niño que ya tiene un año.

Si aún no estás seguro de querer utilizar portabebés en tu vida con los niños, una bandolera es una solución económica y sencilla que te dará una impresión más cercana de lo que es cargar a los bebés de forma cómoda y sin molestias. ¡Atrevete a probar!

Extraído del Blog: Mi saquito mágico