Reflexiones acerca del sueño infantil, por el Dr. Carlos Gonzalez

Publicado 8 de mayo de 2012 por mamirockera

Comentan en el famoso libro que nos ocupaba (Del Dr. Estivill) cómo los niños utilizan cualquier estrategia para llamar la atención, “que si tengo hambre, que si tengo sed, que si tengo miedo, que si enciende la luz…“. Yo estuve en una conferencia del Dr. Estivill que llegó a decir: “pues claro, si vuestro hijo os dijera: mamá para que me duerma tienes que bailar sevillanas“, ¿no bailarías sevillanas? Entonces yo pensé: hombre, y entonces, ¿cómo es que no quieren bailar sevillanas? ¿cómo es que no piden nada que desee, nada que quiera? No hay ningún niño que diga: “Mamá, cómprame una bicicleta y me duermo” o “mamá, si me das chocolate me duermo“. Incluso un niño que por la mañana ha estado llorando porque quería un caballito, porque quería ir a la feria, porque quería un helado, porque quería no sé qué, por la noche no te va a decir: “mamá, si mañana me compras el helado me voy a seguir durmiendo“.
Y si tú se lo dices a él, si le intentas comprar: “va, si no te despiertas más, mañana te compro el caballito, el helado, la play station,… lo que quieras“. Si le logras comer mucho el coco y si es un niño un poco mayor, porque el pequeño ni lo aceptará, es posible que intente hacer el esfuerzo, a ver si lo consigue, aunque no lo va a conseguir por mucho que le haga ilusión. Y todas las cosas que te pida, siempre tienen un factor en común, y es que tú tienes que ir a dárselo. Si el niño dice: “quiero agua, quiero agua, quiero agua,… un día tras otro” el día que tú cojas un vaso de agua y se lo dejes en la mesilla de noche, ese día no tiene sed. Entonces te dice que está oscuro que no sé qué no se cuántos. Le dejas una luz toda la noche en su habitación y entonces es contar un cuento. Le dejas un cassette contando un cuento y entonces ya no quiere cuento, quiere otra cosa. Lo único que quiere es que tú vayas. Entonces, ¿por qué pide agua, por qué pide cuento, por qué pide luz,…? Porque si pide lo que realmente quiere, es decir si dice: “mamá, ven“, no vas. Eres tú quien le está tomando el pelo a él. Los niños al nacer no saben hablar. ¿Cómo aprende un niño lo que es un gato? Pues porque cada vez que pasa un gato, tú le dices: “mira, un gato“.
Si cada vez que pasa un gato tú le dijeras: “mira, un perro” el niño te diría que es un perro. Cuando lo mismo que es tan fácil de ver para los objetos materiales, tú le dices: “esto es un despertador, estos es una cama, esto una silla, esto es un tenedor,…” sirve también para los conceptos inmateriales. ¿Cómo sabe el niño qué es pupa? Porque cuando el niño se cae, tú le dices: “ui, te has hecho pupa“. Cuando el niño pequeño te llama y no vas qué piensa: “me habré equivocado, esto no significa ven. Yo creía que decía ven pero habré dicho otra cosa porque no viene nadie“. Otro día prueba a decir “agua” y entonces vienes, “ah, ven se dice agua” porque diciendo agua viene. Eres tú quien está engañando al hijo, eres tú quien le está enseñando a pedir cosas que no necesita para nada. Probablemente muchos miedos infantiles se crean así. Es decir, el niño que no tiene suficiente ingenio para pedir agua o para pedir una cosa concreta, cómo a nuestra sociedad se nos enseña que es imposible que un niño normal llame a sus padres por la noche porque es de mala educación, nosotros le buscamos nuestra justificación. Cuando nuestro niño llame por la noche, en vez de decirle: “Qué pasa, te sentías sólo, me echabas de menos…” le decimos: “¿qué pasa? ¿tenías miedo?” y nuestro niño dice que sí, es que siempre dice que sí, claro. Pasa un gato y tú dices: “¿Qué es esto, un gato?” y te dice que sí, no te va a decir, “no, papá que esto no es un gato“. Claro que te dice que sí, piensa que tú se lo dices con buena intención. Entonces, él sabe que esa sensación que tiene se llama miedo. Más adelante sale en la película de la tele que hay un monstruo que se come a la gente, y tú le dices: “es una película de miedo“. Y entonces piensa: “ah, claro, mi padre lo que quería decirme es que hay un monstruo debajo de mi cama que se come a la gente“. Los niños que duermen con los padres o los niños que duermen en otro sitio pero los padres acuden sin poner ningún reparo, normalmente no tienen este tipo de miedos.
Y ¿dónde me he separado del hilo principal? Bueno, estábamos en que el niño era independiente, por eso se despierta un montón de veces, por eso te llama. Según ciertas teorías, el niño se despierta porque tú le has enseñado mal. Te hacen ver problemas de sueño o insomnio infantil por malos hábitos aprendidos. Esto se engarza un poco con las teorías conductistas. Conductismo es aquella que ponen una rata en una jaula y cada vez que aprieta la palanca le da un cacahuete. Entonces, la rata aprende a apretar la palanca. Y ciertamente, te dicen que lo mismo está ocurriendo con los niños, que como cada vez que llora o se despierta a media noche, tú vas, le estás enseñando a despertarse porque el hecho de ir tú es equivalente al cacahuete que se le da a la rata. Es un refuerzo positivo. Pero hay un problema con el modelo, es que si cada vez que la rata aprieta la palanca sale el cacahuete, la rata aprieta muchas veces la palanca, hasta que tiene suficientes cacahuetes.
Cuando la rata ya no tiene hambre, no aprieta la palanca. Y si a la rata, cada vez que aprieta le das un Euro, no te preocupes que no va a apretar la palanca. Ni por un euro, ni por un dólar, ni por un diamante, ni por un reloj de pulsera. La rata sólo aprieta la palanca si le das algo que exige. Nosotros sí que apretamos la palanca, o tornillos en la fábrica, o las teclas del ordenador a cambio de dinero, pero lo hacemos porque nosotros sabemos, y la rata no lo sabe, que con ese dinero podemos comprar comida y todo lo que queremos. Pero, si el dinero no serviría para comprar nada, si en vez de unos billetes muy monos de 50 y 100 euros te diesen unos cromos de futbolistas, nadie trabajaría. Trabajamos porque con eso obtenemos algo que necesitamos. Es decir, si tú crees que el ir los padres a ver al niño por la noche actúa como refuerzo positivo, es que estás admitiendo que el niño necesita que vayan los padres. El niño necesita que vayamos los padres tanto como la rata necesita comer. Entonces, suponiendo que de verdad fuera un proceso de aprendizaje en el que existe una conducta aprendida que es el despertarse por la noche y un refuerzo que es venir los padres, estamos admitiendo que ese refuerzo es algo que el niño necesita. Lo que dicen es: “pues no vayas y al dejar tú de ir, el niño dejará de despertarse“. Vale, eso es lo mismo que decir: “pues no le des comida a la rata y al dejarle de dar comida dejará de apretar la palanca“.
Es cierto que dejará de apretar la palanca pero se morirá de hambre. Entonces, si tú dejas de ir cuando tú niño llame, el niño dejará de llamarte, pero se está perdiendo algo. Morirse, morirse parece que no se mueren pero algo les tiene que pasar cuando está perdiendo algo que para él era tan importante como la comida para la rata.
Pero, eso sería admitiendo que de verdad fuera una conducta aprendida, pero es que no es una conducta aprendida, es que es una conducta innata. Es decir, a ver, lo que dicen es: “la tendencia normal, natural, espontánea del niño es dormir 10 horas seguidas, 11 horas seguidas, eso es lo normal, solamente aprende a despertarse cada 2 horas porque tú le acostumbras, porque acudes, no se qué no se cuántos..“. Pero al mismo tiempo te dicen: “para enseñarles a dormir toda la noche de un tirón, tienes que seguir este método, al pie de la letra, palabra por palabra, minuto a minuto sin saltarte ni uno durante días, semanas y meses. Si no, no va a funcionar y bajo ningún concepto ni ninguna circunstancia vuelvas atrás y vayas una noche a hacer compañía a tu hijo o te lo llevas a la cama contigo, porque entonces habrás perdido todo el trabajo realizado y será como volver a empezar“. Y entonces me digo yo: ¿qué método es este que lo que te sale espontáneamente que se supone que es dormir diez horas necesitas un libro para aprender a hacerlo y tienes que seguir al pie de la letra las instrucciones?. En cambio, lo que es aprendido, es tan fácil de enseñar, que cualquiera madre sin proponérselo ni siquiera, en un solo día se lo enseña a su hijo. Oye, si tan buenos profesores sois seguir con el repaso de matemáticas y tenéis unos genios. Si en un solo día habéis enseñado a vuestro hijo una cosa tan difícil y contranatural como es el despertarse cada dos horas. No, es al revés. Lo que es fácil es lo que el niño tiene tendencia a hacer, que es despertarse cada dos horas. Lo que es difícil es enseñarle a hacer algo artificial, que es dormir toda la noche. Eso sí que es un aprendizaje, una cosa nueva. Es decir, no es que este niño aprende a hacer una cosa nueva, es que el niño deja de hacer una cosa que ya haría. Eso se llama extinción de conducta y se produce por falta de refuerzo positivo. ¿Qué gana el niño cada vez que no vas? No gana nada, no tiene refuerzo, hay una ausencia de refuerzo. Cada vez que no vas, el niño deja de tener refuerzo para seguir despertándose. Hasta que llega un momento en que el niño piensa, bueno “piensa” no es una cosa automática, no es que piense sino que sucede así, una rata no piensa “voy a apretar aquí porque saldrá esto” pero el niño, de alguna manera, llega a la conclusión: “por mucho que llore mis padres no van a venir. Por lo tanto no vale la pena llorar“. El niño sólo llora cuando tiene la esperanza de que tú vayas, sino no va a perder el tiempo. Por tanto, que el niño llore significa que te quiere y que confía en ti. Y que el niño no llore, bueno hay algunos que no lloran porque no lloran, que ellos solitos sin hacerles nada, duermen toda la noche, pues enhorabuena. Nosotros queríamos tener un niño de esos, lo intentamos 3 veces y no nos salió y esto es como la lotería, al que le toca le toca. El niño que no es así espontáneamente, sino que ha aprendido a no llorar toda la noche, lo que ha aprendido es que no puede confiar, que no puede pedir ayuda a nadie. A ver, no sería tan grave como si no recibiese ni de día ni de noche. Evidentemente eso sería peor que peor. El niño que no le hacen caso de noche pero que de día sí le hacen caso, pues está medio bien pero no está tan bien como al que le hacen caso a todas horas. Y eso, ¿en qué se notará a la larga? Pues no lo sabemos, pero a la larga lo que queremos es que nuestro hijo confíe en nosotros. Es decir, tú si tu hijo sale a los 15 años por ahí una noche y alguien le quiere dar unas pastillas, tú quieres que él te lo cuente y que te pregunte qué hace con esas pastillas, si son buenas o malas,… Pues, ¿cómo quieres que a los 15 años te pida ayuda para eso, si a los dos años te ha pedido ayuda simplemente para que vayas a hacerle compañía por la noche y no has querido ir?. De alguna manera, le estamos enseñando a los niños que se las arreglen por sí mismos. 
Pero hay otro curioso tema que dicen, de que el niño se queda fijado en lo último que vio antes de dormirse. Te dicen que si el niño se duerme contigo al lado, como eres lo último que vio, cuando se despierte a media noche y tú no estés, entonces se pondrá a llorar. En cambio, si tú te has ido antes de que se duerma, como no te vio al dormirse, tampoco te dirá que vayas al despertarse. Esto no tiene ningún fundamento científico, se basa simplemente en un pequeño estudio que hicieron en EE.UU. Te dicen que lo que tienes que dejar al lado del niño son cosas que no vayan a desaparecer durante la noche. Es decir, si tú le dejas el chupete, el muñeco,… como no se van a marchar y cuando se despierte lo verá y estará tranquilo y volverá a dormir.
En cambio, si es una cosa que va a desaparecer como la madre, el niño al ver que no está el niño dirá: “antes estaba y ahora no está” y se pondrá a llorar. Suponiendo que eso sea cierto, habría una solución muy fácil y es que la madre se quede toda la noche. La madre en la cuna está “un poco mal” pero el niño en la cama del matrimonio está la mar de a gusto. Sería así de sencillo si eso fuera verdad. Pero es que no es verdad, y sino no hay más que hacer un pequeño experimento, no hace falta ni que lo hagas, imagínatelo, ya verás cómo sale seguro, un experimento mental que le llaman. Imagínate que te quedas a dormir con tu hijo y un osito, a tu marido le sacas porque está de experimentador. En el centro de la cama de matrimonio el niño, a la derecha un osito y a la izquierda tú y os ponéis a dormir. A la una de la madrugada viene tu marido, ahí con la bata blanca porque está de experimentador, y te dice: “eh, ya es la hora despierta”. Entonces, tú te vas y dejas al niño con el osito. Otro día, en cambio lo haces al revés. Viene tu marido a la una de la madrugada, se lleva al osito y tú te quedas. ¿Tú crees que el niño llorará igual en un caso que en otro? Es decir, ¿tú crees que si el niño está con la madre se va a poner a llorar porque ese osito que estaba a la hora de dormir, ya no está? Es decir, incluso la misma manera de hablar ya indica una actitud: “es que es lo último que ve“. No estamos hablando de cosas, estamos hablando de personas. No es lo último que ve, es su MADRE, puñetas, es distinto. No es lo mismo haber visto a tu madre que haber visto a un osito, que haber visto un poster, que haber visto un chupete. No es lo mismo. Y lo importante no es que fuera la última, es decir, que si una noche el niño se queda a dormir con una canguro desconocida que no le ha visto en su vida, pero ella la hace compañía hasta que se duerme y a media noche vuelves tú, te quedas con él y la canguro se va a su casa, ¿qué, a media noche se despierta y se pone a llorar porque le hecha de menos a la canguro? No, estás tu.
 MÁS CLARO???
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